Como un presentimiento

Aún recuerdo a veces, y con cierta nostalgia, aquellas escasas tardes oscuras, casi noches. Corría hacia ellas y se escapaban… me resbalaban en las manos.
…las disfrutaba tanto…
No hubo muchas. Fueron pocas. Eran cortas. Pero me sabían a gloria. Junto a una gran ilusión, me acompañaba una tímida angustia. Tenían algo de amargas.
No era su ciudad, no era mi ciudad.
Los bancos, las fotos, las salidas de clase. Aquel abrigo pesado.
Y me vienen aquellos momentos a la cabeza. Aquellos y no otros. Escucho una melodía y las calles de Oviedo se acercan a mi mente.
Ya no me duele, hace mucho que no lo siento. Pero la nostalgia, a veces, viene. Otras veces la busco.
No echo de menos aquellas tardes. No guardo un grato recuerdo de ellas.
Al recordarlas, al pensar en aquellas dos horas escasas que duraban, siento algo parecido a la amargura. Sí, se parece a la amargura pero sin dolor.
Sin embargo recuerdo, y lo recuerdo bien, que esperaba bajar las escaleras para llegar a verlo. Esperaba con tantas ganas como si siempre fuese la primera, como si no hubiese habido nada entre nosotros antes. Y sin saberlo, aquello era el final.
Y ahora miro de lejos. Me miro de lejos. Y me gusta lo que veo, me gusta verlo en la distancia y no de cerca.
Me gusta verme ahora. Incluso con las gafas de la nostalgia.
…las disfrutaba tanto…
No hubo muchas. Fueron pocas. Eran cortas. Pero me sabían a gloria. Junto a una gran ilusión, me acompañaba una tímida angustia. Tenían algo de amargas.
No era su ciudad, no era mi ciudad.
Los bancos, las fotos, las salidas de clase. Aquel abrigo pesado.
Y me vienen aquellos momentos a la cabeza. Aquellos y no otros. Escucho una melodía y las calles de Oviedo se acercan a mi mente.
Ya no me duele, hace mucho que no lo siento. Pero la nostalgia, a veces, viene. Otras veces la busco.
No echo de menos aquellas tardes. No guardo un grato recuerdo de ellas.
Al recordarlas, al pensar en aquellas dos horas escasas que duraban, siento algo parecido a la amargura. Sí, se parece a la amargura pero sin dolor.
Sin embargo recuerdo, y lo recuerdo bien, que esperaba bajar las escaleras para llegar a verlo. Esperaba con tantas ganas como si siempre fuese la primera, como si no hubiese habido nada entre nosotros antes. Y sin saberlo, aquello era el final.
Y ahora miro de lejos. Me miro de lejos. Y me gusta lo que veo, me gusta verlo en la distancia y no de cerca.
Me gusta verme ahora. Incluso con las gafas de la nostalgia.



